La familia, los valores y el bullying. Por: Dra. María Del Carmen Domínguez / Revista Candelero. Octubre 7, 2014.

El presente artículo nos informa sobre la manera en la que se inculcan los valores dentro de la familia, que es la parte primordial en la educación de los hijos y por lo tanto es conveniente conocer los dos tipos básicos de la familia que son la familia problemática y la familia nutridora.

En las familias problemáticas, los cuerpos y rostros son una muestra viviente del conflicto existente. Los cuerpos están tensos y rígidos. Los rostros de aspecto humano o triste, son inexpresivos como máscaras. Los ojos bajos esquivan la mirada. Los oídos obviamente no escuchan y las voces son duras, estridentes, o apenas audibles.

Existe una actitud poco amistosa entre cada uno de los miembros; no hay alegría, la familia parece estar unida por el deber y sus integrantes apenas se toleran mutuamente. De vez en cuando alguien hace un intento para suavizar las cosas, pero sus palabras caen al vacío. Con frecuencia el sentido del humor es amargo, sarcástico, aun cruel.

Los adultos están tan ocupados diciéndoles a sus hijos lo que deben y no deben hacer que nunca llegan a conocerlos en realidad, ni jamás los disfrutan como personas. El resultado es que ellos tampoco disfrutan de la compañía de sus padres.

A menudo resulta una gran sorpresa para miembros de la familia conflictiva que realmente puedan estar "a gusto" juntos. ¡Que distinto es una familia nutridora! Enseguida se intuye la vitalidad, sinceridad, honestidad y amor, siendo la presencia del alma, corazón, sentido común.

Yo considero que si viviera en una familia como ésta, me escucharían y yo tendría interés en escuchar a los demás, me tendrían consideración y yo tendría deseos de considerarlos; podría mostrarles mi afecto así como también mi dolor y desacuerdo; no tendrá miedo de correr riesgos puesto que toda la familia comprendería que inevitablemente cometería errores, los cuales son una señal de madurez.

Sería una persona con derechos propios importantes, valorada, querida y que obviamente tendría que valorar, tomar en cuenta, querer a los demás, respetarlos y darles su lugar.

Uno puede realmente palpar y observar la vitalidad en tales familias, los cuerpos ágiles, las expresiones tranquilas, las personas que se ven a la cara, no con miradas esquivas ni bajando la vista, hablan con voz clara y sonora. Hay armonía y fluidez en sus relaciones.

Los hijos, desde pequeños, son espontáneos y amables, y el resto de la familia los toma en cuenta como personas. El hogar donde viven está lleno de luz y color. Definitivamente, es un lugar donde habita gente, planeado para su solaz y esparcimiento y no únicamente por cubrir las apariencias.

Cuando hay calma, es una calma pacífica no la quietud del miedo y de la cautela. Cuando hay ruido, es el de una actividad significativa, no el estruendo que enerva. Cada uno parece saber que tendría la oportunidad de ser escuchado. Si no le toca ahora su turno, es por falta de tiempo y no por falta de cariño. Las personas ven como normal el contacto físico y lo demuestran, cualquiera que sea su edad. La evidencia de querer y preocuparse por los demás no se limita a guisar la comida, o traer, el gasto quincenal.

Se manifiesta hablando con franqueza y escuchando con interés en el trato abierto y sincero que se apoya en el simple gusto de estar juntos. Los integrantes de la familia nutridora se sienten libres para expresar sus sentimientos.

Puede hablar de todo desengaño, temores, penas, críticas, al igual que de alegrías y éxitos. Si el padre esta de mal humor por alguna causa, su hijo puede decirle con franqueza. "oye papá, estás de muy mal humor hoy"…. no siente temor de que su padre le conteste. "¿Cómo te atreves a hablarme así?"….más bien podrá contestar en la misma forma. "¡Vaya, que estoy de mal humor! ¡Tuve un día pesado!".....y el muchacho responder: "qué bueno que me lo dices, papá….pensé que a lo mejor estabas enojado conmigo".

Las familias nutridoras demuestran claramente que planean las cosas, pero si sucede algo imprevisto, fácilmente se acomoda al cambio. Así sortean sin dificultad ni confusión muchos problemas de la vida. Por ejemplo, el niño(a) tira un vaso y lo rompe. En una familia conflictiva este accidente conducirá a un regaño de media hora, una paliza o que se mande al niño(a) llorando a su cuarto.

En una familia nutridora, por lo contrario, alguien dirá: "¡ah que Juanito (a)….rompiste tu vaso….¿te cortaste?.. te voy a poner "un curita" y luego traes la escoba y recoges los pedazos". Así el incidente significara una oportunidad de aprendizaje que aumentará la autoestima de la criatura y no será causa de un castigo que lo ponga entre dicho. En la familia nutridora se le da una gran importancia a los sentimientos de la persona y los valores que se enseñan con en el ejemplo como son: Respeto, Lealtad, Honestidad, etc.

Los padres se consideran guías y no jefes; definen su área primordialmente como la de enseñar a sus hijos un comportamiento verdaderamente humano en cualquier situación. Reconoce ante ellos sus desaciertos igual que sus aciertos, disgustos, coraje o desengaño, tanto como su alegría.

Su comportamiento para con ellos, se basa en lo que le cuentan, totalmente diferente del padre conflictivo que les dice a sus hijos que no se deben golpear unos a otros, pero él mismo los golpea cuando ellos no le dan a él gusto. (Esto se puede relacionar con el bullying). Los padres, vitales y nutridores, saben que tienen que preparase para orientar y guiar a sus hijos; saben que no lo aprendieron automáticamente el día que nació su primer hijo.

Como buenos guías buscan el momento oportuno para hablar con ellos, cuando realmente pueden hacerle caso. Si el niño se comporta mal, el padre o la madre, se le acercan para ofrecerle apoyo. Este apoyo le ayuda a sobreponerse a sus temores y sentimientos de culpa y sacar mayor provecho de la enseñanza que le brindan sus padres.

Los padres de familia nutridora saben que sus hijos no son intencionalmente malos. Si alguno se comporta o conduce destructivamente, ven o comprenden que hay algún mal entendido o que la autoestima anda peligrosamente baja.

Saben que el niño puede aprender únicamente cuando se valora a sí mismo y siente que los demás también lo hacen, por lo que no reacciona a las acciones del niño en una forma que lo haga sentirse menospreciado. Saben que aun cuando sea posible cambiar el comportamiento por medio de sentimientos de culpa y castigo, la herida que queda no cicatriza fácilmente.

Cuando existe la necesidad de corregir al niño, como sucede tarde o temprano con todos, los padres nutridores saben escuchar, acariciar, comprender, buscar el momento propicio, tener conciencia de los sentimientos del niño y de su deseo natural de aprender y complacer. Todos estos factores los ayudan a convertirse en maestros eficaces.

Es importante preguntarse qué tipo de familia es la mía, para favorecerla por el bien de nosotros mismos y de la comunidad, ya que la familia es el pilar de la sociedad en la que vivimos.

Les agradeceremos sus comentarios y los invitamos a que si tienen algún interés por otro tema nos lo hagan saber para llevarlo a cabo.

Este mes de Octubre tendremos un taller relacionado con el tema del bullying y otro con el tema de la ansiedad y la depresión.

Comuníquese al 51 71 11 28 de Lunes a Viernes de 4 a 6 pm o envíenos un correo a ideatalento@yahoo.com

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