El entrenamiento del silencio, por Regina Kuri. Enero 15, 2103.

En todo momento podemos ser o estar propensos a abrir la boca más de lo normal y decir una tontería que puede dañar a otras personas. No falta estar enojados o discutiendo, cada vez que interactuamos con otro ser humano por el medio que sea existe el riesgo de regarla y así, recibir o aventar veneno.

Hay personas que por naturaleza, personalidad o carácter ya son así, venenosas y poco les importa si lo que sueltan daña o no a otros, ellos se juran honestos o francos, pero en realidad creo que son más bien imprudentes.

Creo que no siempre debemos decir todo lo que pensamos y eso no nos hace deshonestos o hipócritas, al menos no sin nuestras acciones son congruentes. Aunque desde luego es natural manejar dos, tres y múltiples planos con respecto a lo que pensamos de los demás.

Hasta mis 35 años no he conocido a nadie tan puro que no tenga alguna envidia o pensamiento mórbido y cochino de otros, pero actúa sin que se le note; lo malo es que muchas veces esos pensamientos se dejan escapar por nuestra boca en el momento menos conveniente y en la mayoría de los casos frente al afectado directo.

Lo mismo pasa cuando no resolvemos de manera profunda nuestros conflictos con las relaciones personales. Se da el conflicto, la discusión, y si después no hablamos y sacamos en ése momento todo lo que sentimos con respecto al problema, nos quedamos resentidos y cuando por alguna cosa insignificante se prende la chispa de nuevo, la consecuencia es una mega explosión que luego ya no sabemos ni cómo empezó.

Pero eso es materia de otra reflexión. Me refiero que en cualquier momento podemos decir algo que puede herir a otra y otras personas, lo sabemos, hay pruebas del pasado, sin embargo lo seguimos haciendo.

Sabemos que si mandamos "ese" mensaje va a provocar algo no muy bonito en la o el receptor, no aguantamos y lo mandamos, ya sea hablado o escrito. No tiene que ser algo hiriente, pero ¿Qué sentido tiene ejercer agresión por más pasiva que parezca?

¿Qué hacer?

NO hacerlo. Siempre hay un segundo antes de accionar que si le hacemos caso, nos puede detener.

Escuchamos esa voz que dice: "mejor no lo digas", sólo hay que hacerle caso, pensar en las consecuencias que tomará el otro o simplemente tomar en cuenta que como en otras ocasiones, seguro nos sentiremos mal con nosotros mismos después de decirlo. Hacer caso de las experiencias pasadas puede salvarnos de regarla en el presente, sólo hay que estar alertas, despiertos y conscientes.

No es fácil y requiere de entrenamiento, que parte de nuestra decisión de cómo queremos vivir y cómo queremos que sean nuestras relaciones personales.

Regina Kuri colabora en Segunda Emisión de WRadio. Es autora de los libros "Girando en un tacón" y "Ya Aliviánate" con Editorial Diana. Síguela en twitter: @reginakuri y lee su blog en eluniversal.com.mx

Por: Regina Kuri. En colaboración con Uneabasto.com Todos los derechos Reservados MMXIII

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