Matemáticas. Las ciencias exactas son factor del desarrollo, pero aquí no nos importan Por: Octavio Raziel / Revista Candelero. Mayo 7, 2013.

Cada vez que organizaciones educativas internacionales hacen declaraciones sobre el nivel de los estudiantes mexicanos, en especial en matemáticas, nos ponemos a llorar. Toda la producción de manzanas de México sería insuficiente para hacer entender a nuestros jóvenes que 2+2=5.

La tradición matemática en Mesoamérica se remonta a cientos de años. Kan Balam, matemático maya (635-702) fue reconocido por la precisión en sus cálculos relacionados con el dominio del tiempo.

En Copán se habla de una reunión de sabios mayas que intercambiaron ideas resultantes de las observaciones astronómicas. Posteriormente, en 1090, se esculpió una piedra en Xochicalco en maya, mixteco y náhuatl que recuerda una reunión que permitió, según apunta el antropólogo César A. Sáenz, algunos ajustes al calendario solar y al religioso.

Esos científicos ajustaron las matemáticas al número 20 y el infinito se representó con el 400, independientemente del uso del cero (atribuido a los olmecas, cultura madre de Mesoamérica) en operaciones complejas.

Las matemáticas seguirán siendo motivo de preocupación para los mexicanos, pues nuestro sistema educativo vive -y al parecer así seguirá- un círculo vicioso en la enseñanza de esa materia, pues se piensa que es el resultado de la mala praxis de los maestros, quienes a su vez han sido formados por personal mal capacitado.

Catedráticos universitarios se quejan de que los egresados de bachillerato no están bien preparados; los maestros de bachillerato aducen que los mentores de secundaria no saben enseñar las matemáticas, y los del nivel medio acusan a los de primaria de no fincar buenas bases de esa ciencia. Falta que el sistema educativo en su conjunto incrimine la falta de ácido fólico prenatal.

Cualquiera pensaría que una buena parte de la población hispanoparlante tiene una tara genética que la inhabilita para las ciencias exactas. La pregunta sería si son realmente difíciles las matemáticas o se enseñan mal.

Para San Compadre la culpa fue de la Iglesia romana pues mientras en Alemania y otros lugares luteranos al pueblo lo instruían para poder leer la Biblia; que además les permitía investigar y ampliar sus conocimientos sin temor al Infierno o a acabar en hoguera, en la Península Ibérica sólo los sacerdotes y algunos personajes se cultivaban, lo que trajo como consecuencia la gran cantidad de baturros que aún proliferan por esas tierras; Alberto, por su parte, considera que, en el caso de nuestro continente, recibimos en la colonización sólo aventureros y delincuentes que no absorbieron la sabiduría de los nativos, sino al contrario, llevaron a cabo un holocausto de casi 50 millones de amerindios.

Laura piensa que el hecho de que las Américas enviaran tanto oro, plata, joyas, etcétera, a los peninsulares, les hizo más perezosos de lo que ya eran. No se preocuparon por leer, escribir, aprender otro idioma, investigar sobre qué había atrás del Pirineo, convirtiendo a esas montañas en la frontera entre África y Europa.

Todavía a mediados del siglo pasado se les decía a los hispanos que cuando llegaran al puerto de Veracruz encontrarían monedas de oro en el muelle, pues había tanto metal que sobraba. "En Méjico -indicaban- el que no trabaja come como rey y el que trabaja se vuelve millonario". Y no estaban lejos de la verdad.

Las últimas generaciones crecieron marcadas por la teoría de conjuntos, explicada frecuentemente por esforzados profesores que tampoco terminaron de entenderla.

Las matemáticas son hoy más que nunca una herramienta fundamental para que el individuo se integre al modernismo, a la tecnología. Por lo mismo, los países emergentes asiáticos consideran las ciencias exactas como factor de desarrollo.

Más de siete millones de jóvenes "ninis", que ni trabajan ni estudian en México, pudieran ser resultado del fracaso educativo, en especial del pilar básico.

Por: Octavio Raziel / Revista Candelero. En colaboración con Uneabasto.com. Todos los derechos Reservados MMXIII

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