Quieren 40% de los Mexicanos que nos Anexemos a EU; el 45% no quiere y 15% están Indecisos. Por: Ricardo Monreal Ávila. Revista Candelero. Noviembre 18, 2014.

Como es del dominio público, en Escocia se realizó un referéndum inédito para decidir si seguían unidos al Reino Unido (Gran Bretaña) o si se independizaban. El referéndum fue ganado por el "No", provocando la salida del primer ministro del parlamento escocés que lo había promovido, pero obteniendo a su vez ventajas de mayor atención y servicios del gobierno de Londres hacia el de Escocia. Es decir, fue una derrota a medias.

En Europa no es el único país donde existe un sentimiento separatista e independentista. Existen viejos movimientos secesionistas, como los del País Vasco, Cataluña, Andalucía e Islas Canarias en España, o el de la isla francesa de Córcega, que tiene una extensión de 8,680 kilómetros cuadrados y una población de poco más de 300,000 habitantes.

Los sentimientos regionalistas han tenido impulso también en Bélgica, en donde existe el riesgo de que el país se divida en dos a consecuencia de un conflicto entre los flamencos de habla holandesa que habitan en el norte y los habitantes francófonos de Valonia en la parte sur. También existe un movimiento separatista en la región de Tirol del Sur, en los Alpes italianos. Se trata de un territorio con una comunidad germano parlante integrada por más de 350 mil individuos. Dicho territorio fue parte de Austria hasta que Italia lo ocupó en 1918, al finalizar la Primera Guerra Mundial.

En términos políticos, estos movimientos separatistas han estado siempre latentes en la vida de los países, pero a medida que la globalización económica ha ido provocando crisis en algunas regiones del mundo o ha sido insuficiente para responder a las demandas de empleo y una mejor vida para sus habitantes, los movimientos separatistas e independentistas se vuelven populares.

Sin embargo, en el futuro próximo, también podría haber movimientos en sentido contrario. Es decir, que fomentaran la anexión de algún país a una comunidad económica mayor, en virtud de que su independencia ha sido fallida o insuficiente para las expectativas generadas. En esta ocasión, exploramos un posible escenario de este tipo para México en un futuro próximo. Sería el primer referéndum en nuestra historia para pedir una anexión, no una independencia.

Sería una Escocia al revés en México. A diez años de las reformas estructurales, la economía no mejoró de manera sustancial.

El PIB promedió en una década 2.9%, apenas siete décimas arriba del 2.2% que se registró antes de las reformas. Mientras que la meta de un millón de empleos por año se quedó, en los mejores casos, a la mitad. La población en pobreza y marginación bajó apenas un 4%, (de 56 a 52% de la población), después de cruzadas contra el hambre, pensiones universales y seguros de desempleo que incrementaron el déficit público al doble.

En lo político, destaca la precariedad del gobierno, el ascenso de movimientos nacionalistas radicales, el avance de los gobiernos de izquierda en varias regiones del país y la adopción del referéndum constitucional que, ahora sí, a diferencia de las consultas populares de hace 10 años, es vinculatorio para poderes y órdenes de gobierno del Estado mexicano.

Desde la extrema derecha surge entonces una propuesta audaz: realizar un referéndum sobre la permanencia de México como nación independiente o, por el contrario, su anexión a los Estados Unidos de América, para convertirse en el estado 51 de la unión americana.

Los anexionistas o secesionistas cumplen en tiempo y forma los requisitos legales, pues desde hace 10 años diversos sondeos apuntaban que una tercera parte de la población simpatizaba con esa causa, la cual alcanza hoy el 40%. Son ciudadanos de clase media y alta, asentados en ciudades y comunidades rurales del norte del país, con vínculos familiares o económicos en los Estados Unidos, que no cree en el Estado-nación sino en la Familia-empresa, y están convencidos que el gobierno ha sacado más de ellos (vía altos impuestos y corrupción) que lo obtenido por ellos del gobierno (servicios públicos malos, onerosos y opacos). La pregunta que promueven es sencilla y directa:

"¿Debería México ser parte de los Estados Unidos de América?"

Los sondeos previos arrojan resultados cerrados. Por el Sí, 40%; por el No, 45%, mientras 15% se mantiene indeciso. Inicia entonces una de las campañas y debates más importantes y decisivos desde la independencia de México.

Los anexionistas centran su argumentación en el bolsillo de los ciudadanos: libre tránsito de mano de obra, servicios y capitales; paridad uno a uno peso-dólar; pago mínimo a los trabajadores de 7,25 dólares por hora (actualmente es lo que ganan en 12 horas); IVA del 8% e ISR del 28%; educación pública bilingüe obligatoria; policías al estilo CSI; jueces al modo de "La Ley y el Orden"; y la expectativa de convertir a México en sólo una década en la tercera economía de la unión americana y en la sexta a nivel mundial (ahora ocupa los lugares 5 y 13 respectivamente, por su valor del PIB).

"Dejemos atrás la demagogia de los nacionalistas; esta anexión es la única reforma estructural que traerá al país productividad, competitividad y desarrollo con justicia y equidad", repiten una y otra vez los promotores del Sí, quienes impulsan también el cambio de nombre al país: "Mexicountry" o "Mexicounty", dependiendo del fervor patriota.

Por su parte, los nacionalistas partidarios del No, dentro y fuera del gobierno, manejan básicamente una campaña del miedo centrada en despertar los odios pasados y los temores presentes en la relación México- EUA, impregnada de casos y ejemplos prototípicos de racismo, discriminación, explotación y abusos. Además, hablan del "populismo de la derecha", al advertir que una anexión de este tipo no se traduciría de inmediato en los beneficios expuestos.

Se llevaría por lo menos una generación ver esos presuntos avances. El referéndum es ganado por el No, pero con un margen tan estrecho y cuestionado (los perdedores hablan de un operativo de "fraude patriótico") que obligará al próximo gobierno a revisar su política fiscal, salarial, laboral, educativa, de seguridad y de impartición de justicia, a fin de desactivar y congraciarse con la base social de apoyo de los anexionistas.

"¡Todo esto lo podemos lograr sin dejar de ser México!", ofrece en su primer discurso el nuevo presidente de la República, partidario del No. Mientras tanto, dos acontecimientos enfrían a los separatistas: por un lado, Guatemala, Honduras y El Salvador proponen un referéndum a sus ciudadanos para anexarse a México y formar "la Gran República Mesoamericana" (algo que rechazan tajantemente los anexionistas mexicanos), mientras que en Estados Unidos una consulta ciudadana reportó un abrumador 80% de "No aceptación" de México como la entidad 51 de la unión americana.

Los más activos promotores del No eran ciudadanos mexicoamericanos. Frente a estas circunstancias, los separatistas anuncian que no presentarán otro proyecto de anexión hasta la siguiente generación (15 años más por lo menos), al tiempo que en la primera reunión de gabinete el presidente confía a sus secretarios: "que cerca pasó esta bala. Más nos vale dar resultados, sino queremos terminar como empleados de segunda al otro lado del Río Bravo".

Por: Ricardo Monreal Ávila. Revista "Candelero", en colaboración con Uneabasto.com. Todos los derechos Reservados MMXIV

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