México no Crece ¿por Temor, por Cultura o por Idiosincrasia? Por: ARMANDO CALVO / Revista Candelero. Febrero 26, 2013.


El significado de la palabra México nos viene del vocablo Mexitli (Meshitli), donde Metli significa luna, Xictli ombligo y Co lugar, y nos da como resultado "el lugar del ombligo de la luna". Evoca el cazador celeste representado por el Águila Real; al Señor de la Casa del Alba o del Amanecer.

Nos da un nombre hermoso, lleno de fuerza y de honor, como diría Carlos Fuentes: "México no es un país católico, sino un país sagrado". Y Octavio Paz que lo definió así: "La historia de México es la del hombre que busca su filiación, su origen".

Sucesivamente afrancesado, hispanista, indigenista, "pocho", cruza la historia como una cometa de jade que de vez en cuando relampaguea. En su excéntrica carrera ¿qué persigue? Va tras su catástrofe: quiere volver a ser sol, volver al centro de vida de donde un día ¿en la Conquista o en la Independencia? fue desprendido. Nuestra soledad tiene las mismas raíces que el sentimiento religioso. Es una orfandad, una oscura conciencia de que hemos sido arrancados del todo de una ardiente búsqueda: Una fuga y un regreso, tentativas por restablecer los lazos que nos unían a la creación".

Antes de la conquista española, México era del dominio de la cultura Mexica (guerreros por naturaleza, nuestro honor) y también de la cultura Maya (nuestra intelectualidad y conocimiento). Juntas dominaron Mesoamérica. A la llegada de los conquistadores las cosas cambiaron; nos convertimos en intrusos en nuestra propia Patria, rompiendo nuestro honor, comercio, dominio, crecimiento. De un día para otro no supimos qué hacer.

Desarrollamos un "yo" devaluado, con los complejos de sumisión, abnegación, inferioridad y auto denigración. Siempre copiando; la asimilación por la fusión de dos culturas ha generado, hasta nuestros días, un temor por crecer en la sociedad mexicana. Las características de nuestra psicología es inventar escenarios artificiales para cada una de las formas de la vida nacional. Crear un mexicanismo en su realidad de vida, es decir, las limitaciones que la historia lo permiten, la raza, las condiciones biológicas imponen a su porvenir cualquiera de las posibilidades que a su mente se presentan. Las herencias históricas, la estructura mental étnica, las peculiaridades del ambiente, prefijan la línea del desarrollo vital con una rigidez que la voluntad de los individuos no puede alterar.

A esta fatalidad se le conoce como destino. El mexicano es un hombre que durante años se ha empeñado sistemáticamente en contrariar su destino. Los alardes de nacionalismo que tenemos en la intimidad psicológica de un ser mixtificado que su naturaleza desconoce en su imagen falsa de sí mismo. El consejo que podemos dar para mejorar nuestra cultura es la sinceridad. La clase media ha sido el eje en el país actuando como realidades en el desarrollo de nuestro país. Toda cultura se edifica por medio de la fe. El positivismo importado después de la Reforma dio: ambivalencias, igualdad, humanismo y actitud racionalistas. Donde se dan ideas de educación laica las reformas educativas dieron un giro y orientación a la mente de nuestro país. La vida religiosa no es un fenómeno transitorio del espíritu sino una función permanente y constitucional a su naturaleza. La actividad de pensar no es una función de lujo, sino una necesidad para el hombre.

Necesitamos conquistar el pensamiento nacional con una acción disciplinada, en conjunto de sus verdades. Mientras se carezca de un terreno propicio a la penetración de ideas extrañas, que no tenga que ver con nuestras costumbres, vendrán a deformar la fisonomía del país, con serios problemas. En nuestra cultura nos da miedo enfrentarnos a la realidad. Hablar de Mario Moreno "Cantinflas", es hablar de cómo es el mexicano; divagamos, nos gusta ser demagogos, siempre vemos la oportunidad, somos la ley del menor esfuerzo. Esas características deben de cambiar porque no nos han dejado nada positivo.

Pero lo que no tiene que cambiar es nuestro sentido del humor y el gusto por reír, porque eso nos llevará a explorar y crear una mejor sociedad. Para nosotros, la familia es sagrada y los grandes cambios en nuestras vidas vienen por ese vínculo, donde el padre es la figura de poder y la mujer la guía y el desarrollo de los hijos. Si nosotros queremos cambiar tenemos que hacerlo desde la familia creando mejores ciudadanos los cuales cambien nuestros paradigmas. Con esto podemos solucionar nuestros graves problemas como la corrupción y el nepotismo. En los últimos treinta años México ha cambiado, pero nos falta mucho por hacer.

Considero que es el momento para que cada uno de nosotros empecemos por cambiar nuestras actitudes. Es el momento de empezar a crear una sociedad con mayor compromiso. Es hora de reclamar nuestra grandeza como nuestro nombre lo dice. No debemos de permitir que otros nos vengan a decir qué hacer en nuestro suelo porque somos únicos; debemos de empezar a crear estructuras donde estén hechas para nuestra manera de ser y de pensar, no tenemos que copiar, lo que nosotros podemos instrumentar. Nuestras nuevas generaciones tienen el deber y el compromiso de hacer que este país crezca en conjunto con todos nosotros. Ha llegado el momento de sentirnos orgullosos de nuestra mexicanidad.

De cantar nuestro himno con orgullo. De saber de nuestra historia para no cometer errores. Somos una nación joven. Ha llegado el momento de reclamar lo que por derecho nos ha tocado y no ser el país del "no pasa nada".

Por: Armando Calvo / Revista Candelero, en colaboración con Uneabasto.com Todos los derechos Reservados MMXIII

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