Mi peor error por no decir, ¡No! Por: Paty Vega/Revista "El Comercio Tradicional al Detalle". Febrero 6, 2018. Uneabasto.com

Es muy curioso, la primera palabra que muchos aprendemos de niños es la palabra “no”: ¡no agarres esto!, ¡no te vayas a caer!, ¡no te vayas a ensuciar!, ¡no te agarres eso”, etc.

Y es precisamente esta palabra la que más trabajo nos cuesta decir cuando amigos, familiares, compañeros de trabajo o vecinos, nos piden algún favor o nos piden algo prestado, o peor aún cuando nos quieren vender algo que no necesitamos o que nos puede sobreendeudar.

Cuando a mi me preguntaron, la primera vez, si quería casarme, como estaba bien entrada con él y con la emoción de que se hincó para pedírmelo y el romanticismo que rodeó el momento, inmediatamente dije sí, sí.

Llevaba unos meses de novia con esa pareja, era atento, cariñoso y hasta un día me llevó serenata. Hasta antes de la petición nunca habíamos tenido un conflicto en el que pudiera ver sus reacciones, nunca lo había visto borracho ni enojado.

Pocas semanas antes de la boda, empecé a descubrir sus partes oscuras; como ya le había dado el sí, me sentía de su propiedad; me quería controlar, ya hasta se enojaba porque no opinaba como él. Un día me pidió prestado un dinero que yo no tenía, exigiéndome que lo consiguiera con mi familia ¡el colmo! Ahí terminó mi relación con él.
Quedé mal con mi familia porque yo había roto la relación. Mi padre ya había pagado el salón para la fiesta, los músicos, la comida, etc. Imagínate el “bronconón” que armé por no decir ¡no! a tiempo.

Me prometí entonces no volver a decir ¡sí! sin pensarlo bien antes.

Pero no, al poco tiempo volví a caer, y sigo cayendo en el mismo error, aunque con otros asuntos, de decidir emocionalmente.

Después de muchos errores, me di cuenta que está bien ayudar a otros, siempre que esté dentro de nuestras posibilidades,; pero decir sí, sin pensarlo bien, muchas veces nos compromete, sacrificando nuestro tiempo, energía, dinero, etc.

Es importante aprender a decir “no” con firmeza, sin pedir disculpas, simplemente decirlo. Al principio resulta incómodo y hasta extraño, pero con el tiempo se siente uno “libre”, fuerte, inteligente, seguro, etc.

Aprender a decir “no”, es ser asertivos; decir “no” sin ofender, ni sentirnos incómodos, nos hace crecer; decirlo simplemente como una sincera expresión de deseo o de ver por uno mismo.

Decir “no”, o que nos digan “no”, en realidad no es tan terrible. Tenemos derecho a decirlo, al igual que los demás lo tienen.

Decir “no” a alguien, implica poder decir “sí” a otra persona; esa persona podemos ser nosotros o nuestra familia, o puede permitirnos dedicar más tiempo a nuestras tareas.

Cuando aprendamos a decir “no” sin sentirnos culpables y sin ofender a nadie, empezaremos a usar otras neuronas que han estado dormidas por mucho tiempo en nuestro cerebro, con lo que expandemos nuestra mente, atrayendo cosas más interesantes a nuestra vida.

Ante cualquier petición o encargo, piénsalo unos segundos, y si vislumbras que no podrás cumplir di ¡no! de una manera suave y respetuosa.

No por pena digamos sí a todo lo que nos pidan, porque cuando por alguna razón no pudimos cumplir, quedamos mal, nos ven feo, nos califican de irresponsables si fue en cuestiones de trabajo o negocios, o de un amigo si el asunto es personal. Con esto se generan enojos, resentimientos … y hasta llegamos a perder amistades.

Por: Paty Vega/ Revista "El Comercio Tradicional al Detalle", en colaboración con Uneabasto.com. Todos los Derechos Reservados MMXVIII

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