Las nuevas tecnologías de la información se han convertido en arma de la sociedad para vengarse de los gobiernos y políticos. Por: Armando Rojas Arévalo / Revista Candelero. Julio 2, 2013.

Un servidor, como otros de nuestras tablas, pertenecemos a una generación de periodistas que la califico de "sándwich". Somos herederos -no sé si dignos o indignos- de aquellos grandes periodistas de la bohemia, de tugurios, burdeles, cantinas y vedettes, que escribían como Dios manda, en su juicio o borrachos, y mandaban sus notas con el "hueso" desde la mesa de dominó o por telégrafo si andaban de comisión fuera de la ciudad.

Aunque empíricos, esos periodistas fueron extraordinarios maestros. Sin decirnos cómo hacer las notas, muchas veces sin leerlas las arrojaban al cesto de la basura y con frecuencia con epítetos ("¡esto es una porquería!"…. "¡esto no tiene madre!") nos obligaban a rehacerlas cuantas veces fuera necesario.

Nuestra generación trabajó en redacciones escandalosas, en las que menudeaban las mentadas de madre, los cuentos subidos de color y los gritos del Jefe de Redacción apurándonos con las notas.

Funcionaba el teletipo, un aparato que hacía un ruido infernal al recibir los "cables" de las agencias noticiosas, y las rotativas que al empezar a funcionar emitían un bufido. Se usaban aún los linotipos y la composición de las notas se hacía abajo, en los talleres, usando letras en plomo derretido.

Poco después, nuestra generación supo de las primeras Salas de Prensa, equipadas con teléfono con larga distancia abierta, télex, el radio foto y después el fax. Nos tocó vivir el asesinato de Kennedy, la muerte de Marilyn, la llegada del hombre a la Luna, en el 68, el halconazo del 71 y ya un poco más hacia acá, los asesinatos de Colosio y Ruiz Massieu, y cuantos acontecimientos más que sería prolijo enumerar pero que nos dejaron marcados para toda la vida.

Salías de un evento y córrele a la Redacción porque están esperando la nota. Súbete al avión, bájate del avión, aborda el camión de prensa, bájate a cubrir el acto y súbete rápido porque si no te quedas. Esto me hace recordar una gira internacional de Echeverría en la me quedé varado con el gran Ricardo Garibay, en Georgetown, Guyana, porque la farra de la noche anterior había sido espantosa y no escuchamos el llamado a las 6 de la mañana.

El problema no fue tanto eso, sino que para continuar la gira teníamos que alcanzar a la comitiva ¡en Argel!, capital de Argelia. Uta, al otro lado del mundo. Lo hicimos volando en el único avión de línea que salía a Caracas, de ahí en otro a Nueva York y enseguida Paris, para luego abordar otro que nos llevaría a Argel cuando la visita de Estado prácticamente estaba en sus últimos minutos.

A nuestra generación le sucedió lo de las novelas, comunicadores forjados en la Academia, que trabajan en redacciones asépticas donde nadie se tira bolitas de papel ni se mientan la madre. Las máquinas de escribir mecánicas, las Underwood, las Olivetti, Remington y Olimpia fueron sustituidas por las computadoras y recientemente éstas por las Tablets, el Iphone, el Ipad y las Blackberry.

Los nuevos reporteros poco o ya no van a las redacciones, porque mandan sus informaciones por Internet desde el lugar donde se encuentran, incluso el baño. Hoy todo es distinto. La vida cambió. La velocidad del internet es asombrosa. Mandas los mensajes y llegan al destinatario al momento.

No hay ya barreras ni fronteras. El mundo quedó prácticamente reducido a un pañuelo. Las agencias noticiosas están en extinción. Inclusive, muchos periodistas ya no reportean, pues con sólo acceder a un sitio "bajan" la información que quieran, lo mismo de Dubai que de Timbuctú, con todos los detalles.

El Internet ha traído un invento todavía más asombroso: las redes sociales (dicho sea de paso, me estoy especializando en ellas). Se les denomina "nuevas tecnologías de la información". El problema de ellas es que tienen efectos virales, o sea, que cualquier mensaje se reproduce ipso facto y llega a millones de personas en un instante, pero no sabes con certidumbre si la información es falsa o es veraz. Las redes han cambiado la vida. Causan adicción y también desinformación.

Tal es la catarata de informaciones que recibes en el Facebook, Twitter u otras, que te aturdes y te desconciertan. Dice un pensador alemán (Bolz) que las personas de hoy somos gigantes de la información, pero enanos del conocimiento.

Las redes sociales están cambiando la forma de hacer política, o mejor dicho se han convertido en el arma de la sociedad para vengarse de los gobiernos y los políticos. Qué tanto la ciudadanía estará "hasta la madre" de la corrupción solapada, harta de Diputados flojos, de Senadores omisos, de los políticos de baja ralea y los Partidos que sólo ven por lo suyo, que las redes sociales empezaron ya su labor de zapa.

Por ejemplo, en Xalapa unos ciudadanos lanzaron como candiGATO a alcalde de esa ciudad, a "Morris", un gato blanco con rayas negras, que al momento tiene más de 100 mil seguidores; nominaron al Burro Chon, un personaje que asegura venir "de menos a más" y ser parte de la "izquierda anticapitalista", a la alcaldía de Juárez; a "Titán", un perro San Bernardo, como CANdidato a la presidencia municipal de Oaxaca, y a la gallina "Tina" para el Ayuntamiento de Tepic, Nayarit.

El lema de "Chon" es "mejor tener un burro como Presidente, que un Presidente burro" y promete que defenderá a los pobres, y que hará contundentes denuncias contra los partidos. La propaganda de "Morris" dice: "Ante la cantidad de ratas que acechan esos puestos sólo un gato podrá poner orden", afirma en Facebook, donde en su biografía indica que nació en Xalapa, que "duerme, caga, mea y come. Además de jugar y dormir mucho".

"Tina", por su lado, dice que ella tiene lo que a muchos candidatos les falta: huevos. Este fenómeno de postular animales a cargos públicos no es nuevo. En Brasil ganó una elección un elefante del zoológico.

Se agudiza por el efecto de las redes, una nueva forma de comunicación, en las que el ingenio puede echar por tierra cualquier propuesta institucional. Los candidatos de las redes sociales mexicanas -el gato, el perro, la gallina y el burro- son la evidencia de que la sociedad ha encontrado en ellas el arma eficaz para vengarse con la mofa, el sarcasmo ácido y la descalificación de un gobierno y de los partidos y sus candidatos que la tienen desilusionada.

Algo que no han entendido ni el gobierno, ni los diputados, senadores y partidos políticos es que la gente está, como dice JAVIER SICILIA, "hasta la madre". Es todo, y si quieres saber algo más nos vemos en Twitter o en Facebook.

Por: Revista Candelero, en colaboración con Uneabasto.com. Todos los derechos Reservados MMXIII

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