El mito y la mentira del periodismo. Por: Eduardo López Betancourt/Revista Candelero. Febrero 24, 2015.

Recientemente, feneció un sujeto, cuyo nombre de sólo mencionarlo me provoca molestia y hasta arcadas; le conocí en los años 70´s, cuando el innoble individuo dirigía un periódico importante, el cual usaba como instrumento para extorsionar; me consta cómo le llamaba a los gobernadores y les exigía prebendas, siempre bajo la amenaza de que si no le complacían, lanzaría calumnias y todo tipo de infundios en su contra.

Por desgracia, infinidad de dignatarios "cayeron en sus garras"; obviamente, contaba con sinnúmero de aliados, quienes al igual que él, eran deshonestos hasta la saciedad y ominosos en grado superlativo. Sin embargo, un día el extorsionador colmó al "mero mero" del país, quien decidió cortar por lo sano, y lo echó de una supuesta cooperativa, en la cual los trabajadores no recibían beneficios, empero sí el sujeto de marras y su camarilla de impresentables.

No obstante, el randa siguió con su aviesa carrera; inclusive, cuando ocupé un cargo público de alto relieve, fui utilizado para llevarle dinero y dárselo en propia mano, obedeciendo indicaciones por supuesto, y el crápula, con cinismo desparpajante, me decía cada vez que le entregaba un sobre con cientos de miles de pesos, que se le hacía poco, ya que tenía muchos compromisos por atender.

Evidentemente, bajo el testimonio que tenía yo del deshonesto, nunca fui de su agrado; en cuanta oportunidad tuvo me denostó, difamó y calumnió; incluso, en un panfleto que escribió con otro tipejo, me acusó de quererlo matar; sobra apuntar que nunca fue así.

En su amargura, quien de pronto se creó un mito de gran periodista, formó otro grupo (algunos gente valiosa, pero otros similares a él, entes procaces sin parangón) un semanario donde los actos de extorsión no desparecieron, una revista que hasta hoy vende publicidad a precios fuera de lo común, y donde el sustento casi siempre es la mentira, las falsas acusaciones y la carencia de pruebas en su amarillismo vulgar.

Cierta ocasión, también fue víctima del expolio del deleznable periodista, un personaje que fungió como Gobernador del Estado de México y jefe de Gobierno del DF, poseedor de una desmesurada riqueza, lograda claro, por los medios clásicos que utilizan execrables políticos; el caso es que el "periodiquero", sin más, le expuso al encumbrado funcionario público que su hijo quería un coche sport de lujo como regalo de cumpleaños.


El estadista, de profesión docente, cumplió los deseos del "tumbamáquina" y le mandó al hijito dicho automóvil, mismo que el junior, unas cuantas horas después estrelló en Paseo de la Reforma. Fue tan descarado el mal gacetillero, que le habló nuevamente al dirigente, pidiéndole otro carro para su vástago.

Obviamente, el crápula mandatario, para evitar le mancharan su halo de noble señor y persona íntegra, tuvo que dar otro auto sport de lujo al "nene". En definitiva, la fama tiene un peso fundamental en nuestros días, pero tarde o temprano sale la verdad a la luz. A pesar de tantas esquelas lamentando su óbito, puedo asegurar que muchos seres humanos se han librado de un sátrapa del periodismo. Quien lo llegó a conocer en toda su intensidad y perversidad, fue Renato Leduc, quien tenía por el endiosado periodista marcado desprecio.

No en pocas ocasiones me precisó Leduc, que se trataba de un genuino trácala, sin contar que era pésimo redactor de noticias. Leduc, varias veces tuvo discrepancias con él, y se vio obligado a renunciarle, ante el sinnúmero de iniquidades que cometía quien hoy pasa por mirlo blanco.

El periodismo es una de las profesiones más difíciles de ejercer en el orbe, y no se diga en México, donde actuar con limpieza no es nada sencillo. Me ha tocado escribir en prestigiosos diarios y revistas en nuestra Patria; sin duda, algunos son dirigidos por gente capaz y honesta; pese a ello, en buena cantidad de medios impresos y electrónicos, el proceder inicuo de sus propietarios es habitual, y si no, veamos casos concretos: La televisión mexicana en manos de 2 sujetos, con una fortuna inconmensurable.

La radio, con miles de estaciones en el país, se encuentra acaparada por 5 familias, las cuales hacen lo que quieren; despiden a sus empleados sin respetar ninguno de sus derechos laborales; manipulan la información; están siempre al servicio de las peores causas y repugnantes dignatarios.

En lo tocante a los rotativos, el drama no es menor; por ejemplo, la riqueza de algunos dueños de periódicos, contrasta con la modestia de sus colaboradores. En materia noticiosa, México mantiene un real vacío, no hay manera de practicar la libertad de expresión, y el comunicador que lo intenta, es "corrido" sin mayor miramiento.

Los zares de los medios informativos, usan a sus reporteros como auténticas marionetas.

Lo más triste que ocurre en nuestra Nación, es que constate y sistemáticamente los periodistas son asesinados, sin que jamás, y esto hay que subrayarlo, se haga la más mínima justicia.

No alegra la muerte de nadie, empero al final dejan este mundo "leones desdentados" que han hecho de su figura un mito, empero que no son sino seres venales, situación que el tiempo se encargará de demostrar en forma diáfana.

Por: Eduardo López Betancourt/Revista Candelero, en colaboración con Uneabasto.com. Todos los derechos Reservados MMXV

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