¿A quienes benefician y con que fin se hacen los masivos espectáculos que se presentan en el zócalo? ¿De donde sale el dinero para pagarlos? Por: Eduardo López Betancourt, Revista Candelero. Julio 24, 2012.

Con la clásica expresión de nuestro artículo de hoy, es como en la Roma Imperial trataban el tema de tranquilizar, o por lo menos mantener la atención y alegría de la gente, ello al encontrarse cerca del derrumbe; y es que mientras la decadencia Romana avanzaba, se organizaban grandes festejos, pretendiendo demostrar que en absoluto existía crisis; el Coliseo lucía pleno y eufórico, mientras tanto los riesgos por la inseguridad en Roma se acentuaban, hasta que finalmente cayó derrotado el régimen; obviamente, quien más sufrió fue el pueblo.

Con extraordinaria similitud, vivimos un país carente de proyectos, donde la irresponsabilidad gubernamental es la constante, la corrupción al igual que en Roma, avasalla y destruye nuestra nación; la descalificación y especialmente el odio, son permanentes; causantes de tan deleznable situación son los bergantes hombres del poder; la moral resulta nula, la ausencia de valores es oprobiosa, atravesamos una época de terror, violencia e infortunio.

La voracidad de los encumbrados, es cada vez más considerable; asimismo, el incremento de una alta burocracia que mantiene vasos comunicantes llenos de inmoralidad con industriales y comerciantes de espigados vuelos. Las riquezas mal habidas logran imponerse, y se convierten en referencia obligada para marcar falsos prestigios sociales, donde se rinde homenaje a la deshonestidad. El drama en suelo azteca es manifiesto, los malos gobiernan y los buenos, en su gran mayoría, sólo reciben migajas.

"Aquí, como Ocurrió en Roma, Mientras la Decadencia Avanza, se Organizan Grandes Festejos para Demostrar que no hay Crisis".

Dentro del desastre económico se efectúan gastos inútiles, por ejemplo, la famosa Estela de Luz, sobre la cual han habido protestas, pero no han fructificado; su costo verdaderamente inconcebible, naturalmente provoca inquina en la gente; empero el caso de la Estela de Luz sólo es "punta del iceberg", la realidad, es que tanto en el ámbito gubernamental como en el mundo de los negocios y el comercio, la putrefacción es intensa; claro, hay excepciones, pero por lo general se trata de un estercolero.

Otro suceso ocurre, cuando de pronto la Plaza de la Constitución de la Ciudad de México se vuelve escenario de espectáculos multitudinarios sin costo, ignoramos quién los paga y por qué; la respuesta de los dignatarios será sobre algún mecenas, pero acostumbrados como estamos a la mentira, sabemos de sobra que nadie da nada por nada y todo sale del erario público.

Hace poco estuvo en ese sitio el ex Beate Paul McCartney, tal hecho sólo mostró a una sociedad sin alternativas, falta de dignidad; quienes acudieron pasaron todo tipo de penurias para conseguir el objetivo de ver a su "ídolo". De igual forma aconteció posteriormente con un chamaco de nombre Justin Bieber, quien desencadenó la euforia de muchos que le consideran extraordinario y fuera de serie como cantante; por supuesto, se dieron cita en el Zócalo quienes no pudieron ver a los artistas en lugares como el Auditorio Nacional, donde el precio del boleto sólo es formal, ya que la reventa propiciada por los gobernantes, eleva
la tarifa de las entradas hasta en mil por ciento.

Las preguntas son inevitables ¿De dónde sale el dinero para pagar esos espectáculos? ¿A quiénes se beneficia y con qué finalidad?

Es aquí cuando surge la frase "pan y circo", al pretenderse desviar la atención de la ciudadanía, entreteniéndola para que no se revele ante tanta ignominia. Lo cierto, es que constituye una amarga realidad presentar esos "shows circenses" en lugar de realizar proyectos educativos, ello implica una grave irresponsabilidad; es de sobra conocido, personajes como Justin Bieber y otras "estrellas" hechas al vapor, al margen de una calidad artística, son simples productos de la publicidad, se les explota, y como pañuelos desechables, sin más se les tira.

Nadie desconoce, pedir cuentas a los mandatarios es imposible, sólo causaremos su enojo y odio persecutorio; por lo tanto, nos quedará la duda de quién patrocina esos eventos musicales; lo innegable, es que Don Paul, el imberbe Justin y otros artistas no vienen sin cobrar, no creemos que sean tan generosos, tal vez sea un hombre de negocios quien "regale" la función, para a cambio de ello recibir espléndidos contratos de construcción y benéficos al por mayor, exhibiéndose en toda su magnitud ese mal endémico denominado corrupción, práctica que tanto lacera a nuestra Patria.


Tal vez los mexicanos merezcamos esos grandes espectáculos gratuitos, pero es evidente que se reclama franqueza, tener el pleno conocimiento de quién los costea y por qué; no obstante, entendemos que ello ni de broma se informará; pero por lo menos, dejaremos el antecedente que hubo voces, que sin oponerse a la presencia de tales espectáculos en el Zócalo defeño, consideraron que todos éstos "shows" llevan una intención malsana, y se conforman en las execrables artes de la inmoralidad.

Por: Eduardo López Betancourt - Revista Candelero, en colaboración con Uneabasto.com Todos los derechos Reservados MMXII

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